29/1/18

Bereshit 2:7-15. El hombre y el huerto - Parte 2

BERESHIT/GÉNESIS 2:7-15

EL HOMBRE Y EL HUERTO - PARTE 2

La plantación del huerto
Bereshit 2:8-14

Y YHWH Elohim plantó un huerto en Éden, en el este; y cuando hubo moldeado al hombre, lo puso allí. Y YHWH Elohim hizo brotar del terreno todo árbol delicioso a la vista, y bueno para comer; y el árbol de la vida en medio del huerto, y el árbol del conocimiento bueno y malo. Y de Éden salía un río para regar el huerto, y de allí se dividía y era para cuatro cabezas. El nombre del uno: Pishón; él recorre toda la tierra de Kjavilá, donde hay oro; y el oro de aquella tierra es bueno; allí hay bedelio y piedra de ónice. Y el nombre del segundo río es Guikjón; él es el que recorre toda la tierra de Kush. Y el nombre del tercer río es Kjiddéquel; él es el que anda al este de Ashshur. Y el cuarto río es el Perát (Bereshit 2:8-14).
Lo primero que nos revela este fragmento, Bereshit 2:8-14, es que YHWH Elohim plantó un huerto en Edén. Así que por un lado tenemos el huerto, y por otro lado tenemos la región que es Edén. Hay un huerto y hay una región. Por tanto el huerto no es Edén, sino que el huerto está en Edén. Y concretamente, en el este o al nacimiento del sol (Bemidbar/Números 34.15). Tenemos por tanto, una referencia cardinal que nos ayuda a ubicar el huerto.

Después continúa diciendo que cuando hubo moldeado al hombre, lo puso allí, esto es en el huerto. Así que YHWH Elohim primero plantó el huerto, luego moldeó al hombre, y después puso al hombre que moldeó en el huerto que Él plantó. Y esta es una idea que se repetirá en el verso 15, donde además se nos dirá el propósito por el cuál YHWH Elohim lo puso allí. De tal manera que se establecerá una relación divinamente ordenada entre el hombre y el huerto, y la estudiaremos cuando lleguemos a ese verso. (Bereshit 2:15).

Vemos también como YHWH Elohim hizo brotar del terreno todo árbol delicioso a la vista, y bueno para comer, y según se desprende del verso 16 son árboles que están en el huerto. Y luego, menciona explícitamente dos árboles: 1) El árbol de la vida, y 2) El árbol del conocimiento bueno y malo.

De nuevo, tenemos dos elementos, estos dos árboles, que son mencionados aquí pero su sentido quedará definido más adelante, concretamente en los versos 16 y 17, y por supuesto, en el capítulo 3 de Bereshit. Por tanto, trabajaremos con ellos cuando llegue el momento. Eso sí, lo que vale la pena notar en este punto es que sólo uno de los dos árboles está en medio del huerto. Y el árbol que está en medio del huerto es el árbol de la vida.[1]

Y por último, este fragmento nos dice que de Éden, la región donde estaba el huerto, salía un río para regar el jardín, y que de allí, del huerto, se dividía y era para cuatro cabezas. Estas cuatro cabezas o estos cuatro ríos principales son:
  1. Pishón. Este recorre la tierra de Kjavilá, una tierra donde hay oro, bedelio y ónice.
  2. Guikjón. Este recorre toda la tierra de Kush.
  3. Kjiddéquel. Este anda al este de Ashshur/Asiria.
  4. Perát.
Seguramente, en la época en que esto fue escrito, estos ríos eran conocidos, y permitían ubicar al oyente-lector de Bereshit la región de Éden, incluso el huerto. Sin embargo, en nuestros días no nos es posible hacerlo. El hecho de no tener una referencia exacta del río Pishón, ni tampoco del Guikjón[2], aunque sabemos que recorre la tierra de la actual Etiopía, imposibilita determinar dónde estaba el huerto. A lo más que podemos llegar es a una ubicación muy general en la alta o baja Mesopotamia por las referencias de los dos últimos ríos, pues de ellos sí sabemos con certeza que corresponden al Tigris y al Eufrates. Ahora bien, aunque el texto no permite ubicar Éden, el texto sí revela que una vasta región de tierra era regada por estos ríos que procedían del huerto de YHWH en Éden. Algo que tiene mucha relación con lo que veremos a continuación.

Como ya vimos en la introducción general del presente comentario, hay varias maneras de interpretar el libro de Bereshit. Hablamos de tres maneras de hacerlo: 1) la interpretación literal, 2) la interpretación simbólica o tipológica, y 3) la interpretación profética. Y cada una de ellas va apareciendo, como ya hemos visto a lo largo del capítulo 1, en mayor o menor medida. Y así ocurre también en el capítulo 2, y siguientes. Y con esto en mente volvamos al huerto, al Éden.

Según la interpretación literal el huerto de Éden es justamente eso, un huerto; es decir, un terreno lleno de verduras, legumbres, hortalizas y árboles frutales que YHWH Elohim plantó en un lugar llamado Éden. Sin embargo, por las razones que explicaré a continuación, el huerto también funciona como un símbolo de una realidad mayor, la cual nos apunta a una realidad futura. Por tanto, en este fragmento tenemos de nuevo la interpretación simbólica y profética. Ahora bien, ¿qué es lo que el huerto representa? ¿Y por qué debemos aceptar que el huerto es un símbolo de esa realidad?

En cuanto a la primera pregunta, qué es lo que el huerto representa, entiendo que el huerto es símbolo de la casa de YHWH, es decir, es el lugar de su presencia, donde YHWH habita en su creación, y se reúne con el hombre y le habla. Y también entiendo que hay 3 buenas razones para aceptar que el huerto, además de ser una realidad en sí mismo, también es un símbolo de la casa de YHWH. Y con ellas daré respuesta a la segunda pregunta, por qué debemos aceptar que el huerto es un símbolo de la casa de YHWH.

Las tres razones son las siguientes:
  1. El huerto es un lugar santo.
  2. El huerto y el tabernáculo tienen elementos en común.
  3. El huerto representa la casa de YHWH en otras partes de la Escritura.
Y vamos a ver cada una de ellas. Pero eso será en la próxima entrada.

Bienvenido al origen.

[1] Esto cobra especial relevancia en el diálogo entre la varona y la “serpiente” del capítulo 3.
[2] Sobre este río algunos afirman que es el Nilo. Y aunque sin duda es un río principal, no podemos tener absoluta seguridad de que este es el río.

¿Por qué Bereshit es Torá?

¿POR QUÉ BERESHIT ES TORÁ?

LA TORÁ

El Tanaj, también llamado Biblia Hebrea o las Escrituras, o el Antiguo Testamento en el cristianismo, está dividido en tres partes. Estas tres partes son:
  1. La Torá (la Ley).
  2. Los Nevi’im (los profetas).
  3. Los Ketuvim (los escritos).
Como vemos la primera división recibe el nombre de Torá (también llamada Pentateuco en el cristianismo. Pero mientras que Pentateuco es una palabra griega que significa cinco rollos [πέντε (pénte) = cinco + τεύχος (téukhos) = rollo o estuche], Torá es una palabra hebrea con un significado bien distinto). El significado de la palabra Torá es el siguiente:
 
TORÁ - H8451תּוֹרָה o תֹּרָה
Dirección, estatuto, instrucción, orientación y precepto. Puede traducirse por: derecho, dirección, enseñanza legal, instrucción, ley.
Además, la palabra hebrea Torá tiene su raíz en otra palabra. La palabra que da origen a la palabra Torá es Yará. Yará también es una palabra hebrea y significa:
 
YARÁ - H3384יָרָה o יָרָא
Raíz primaria. Propiamente fluir como agua; transitivamente colocar o lanzar (específicamente una flecha); y figurativamente apuntar, destacar, enseñar. Puede traducirse por: asaetear, abatir, arrojar, derribar, dirigir, echar, enseñar, erigir, flechero, hundir, instruir, lluvia, maestro, manifestar, mostrar, poner, saciar, seña, tirar.
Con estas dos definiciones podemos hacernos una idea más exacta del significado global de la palabra Torá. Torá por tanto es la instrucción o dirección de YHWH para el bien de su pueblo. Y aunque Torá es el nombre usado para referirse a la primera división del Tanaj, la Torá es más que esto. En un sentido amplio, la Torá no es sólo una parte del Tanaj, la Torá es el Tanaj; o mejor dicho todo el Tanaj es Torá. Así lo afirmó el apóstol Saulo de Tarso en su segunda carta a Timoteo:
 
“Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia” (2 Timoteo 3:16).
De modo que para Saulo de Tarso, un hebreo de la tribu de Benjamín instruido por Gamaliel, uno de los mayores rabinos de su época, toda la Escritura, una referencia al Tanaj, es útil para instruir; luego toda la Escritura es Torá, pues toda la Escritura nos instruye.

Un buen ejemplo de ello es el libro de Mishlei/Proverbios. Este libro es parte de los Ketuvim (los escritos). Recordemos que los Ketuvim son la tercera división del Tanaj mientras que la Torá es la primera división. Por tanto, el libro de Mishlei/Proverbios no está dentro de la primera división, la Torá. Sin embargo, aun cuando está en los Ketuvim, el libro de Mishlei/Proverbios también es Torá. De hecho, es un libro lleno de Torá. Tanto es así que la palabra Torá aparece un total de 13 veces a lo largo del libro. De manera que, en un sentido amplio, todo el Tanaj es Torá.

Ahora bien, en un sentido más exhaustivo, la Torá también es el nombre de la primera división del Tanaj como hemos visto. Y el primer libro de esta división es Bereshit.
 

BERESHIT ES TORÁ

Después de esta breve pero necesaria introducción sobre qué es la Torá, necesitamos responder otra pregunta. Y la pregunta que necesitamos responder es: ¿Por qué Bereshit es Torá?

Ya hemos hablado que todo el Tanaj es Torá, por tanto, Bereshit como parte del Tanaj también es Torá. Esto es evidente. Pero la pregunta no es si Bereshit es Torá o no. La pregunta a la que queremos dar respuesta es por qué; puesto que el libro de Bereshit no sólo es Torá sino que además es el primero de los cinco libros que componen la Torá. Pero ¿por qué un libro que no contiene leyes como es el caso de los libros de Shemot, Vayikrá, Bemidbar o Devarim es Torá? Esta es la pregunta a la que intentaremos dar respuesta a continuación.

Cuando Jesús de Nazaret fue llevado al desierto, después de 40 días de ayuno, fue tentado con tres propuestas distintas. A cada una de ellas Jesús contestó del mismo modo: “escrito está”, y a continuación citaba un pasaje de las Escrituras, concretamente del libro de Devarim, el quinto libro de la Torá. Sin embargo, al revisar en el libro de Devarim el contexto de las citas que dio Jesús, encontramos que en lugar de estar en algún decálogo o listado normativo tal y como se esperaría de los libros de la Torá, las citas de Jesús son parte de sucesos históricos de Israel. Así pues la historia del pueblo de Israel tuvo un carácter normativo para Jesús de Nazaret.

Permíteme otro ejemplo. Cuando el apóstol Saulo de Tarso escribió su primera carta a los santos en la ciudad de Corinto les dijo lo siguiente:
“Porque no quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron el mar; y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar, (…) Pero de los más de ellos no se agradó Dios; por lo cual quedaron postrados en el desierto. Mas estas cosas sucedieron como ejemplos para nosotros, para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron. (…) Ni tentemos al Señor, como también algunos de ellos le tentaron, y perecieron por las serpientes. Ni murmuréis, como algunos de ellos murmuraron, y perecieron por el destructor. Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros” (1 Corintios 10:1-11. Énfasis añadido).
De modo que Saulo de Tarso, al igual que Jesús de Nazaret, consideraba que la historia del pueblo de Israel tenía un carácter normativo vigente, pues lo que les ocurrió a ellos es un ejemplo para el pueblo de YHWH de todos los tiempos. Por tanto, la historia del pueblo de Israel tiene un carácter normativo, es Torá. Pues como acabamos de ver, la historia o relatos de Israel son útiles para enseñar, redargüir, corregir e instruir. Y es precisamente en esta categoría donde encaja el libro de Bereshit como un libro de Torá.

Hemos empezado este apartado con una pregunta. La pregunta era: ¿Por qué el libro de Bereshit es Torá? ¿Por qué un libro que no contiene leyes como es el caso de los libros de Shemot, Vayikrá, Bemidbar o Devarim es Torá? Y acabamos de considerar la respuesta. Aunque Bereshit no es un libro de normas sino que más bien es un libro de historias o relatos, Bereshit es Torá porque los relatos e historias también nos instruyen. A este respecto es muy válido el ejemplo de un cuento popular. Los cuentos son relatos o narraciones breves que a menudo tienen una moraleja o enseñanza. Por ejemplo el cuento de Pinocho nos enseña a no mentir, el cuento de la caperucita a no fiarnos de extraños, el cuento de los tres cerditos a trabajar duro para resistir las calamidades que puedan sobrevenir, e igualmente ocurre con otros cuentos también. Y es que realmente estamos acostumbrados a dar y a recibir instrucción por medio de relatos. De hecho, el mismo Jesús de Nazaret instruía por medio de parábolas. Y esto mismo es exactamente lo que hace YHWH con el libro de Bereshit, nos instruye por medio de historias. De manera que, como hemos dicho, aunque Bereshit no es propiamente un libro de normas sino más bien un libro de historias, Bereshit es Torá porque los relatos también nos instruyen. De tal manera que podemos dividir la Torá en dos tipos de literatura:
  1. La Narrativa.
  2. La Normativa.
Por medio de la primera YHWH instruye a su pueblo por medio de historias o relatos, y por medio de la segunda YHWH instruye a su pueblo por medio de leyes y mandatos. Pero ya sea o bien por medio de historias o bien por medio de leyes, todo el Tanaj es la instrucción de YHWH para que nos vaya bien a nosotros y a nuestros hijos.

Bienvenido al origen.

28/1/18

Bereshit 2:7-15. El hombre y el huerto - Parte 1

BERESHIT 2:7-15

EL HOMBRE Y EL HUERTO - PARTE 1. 

Para facilitar el estudio del próximo fragmento, Génesis 2:7-15, vamos a dividirlo en tres partes que son:
  1. La formación del hombre (Génesis 2:7).
  2. La plantación del huerto (Génesis 2:8-14).
  3. La relación entre ambos (Génesis 2:15).
Empecemos pues con la primera parte.

La formación del hombre
Bereshit 2:7

Y formó YHWH Elohim al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente (Génesis 2:7).
Lo primero que se nos revela en este versículo es que YHWH es un alfarero. Así se revela a sí mismo. Una traducción más exacta del verbo formar sería moldear, yatsár en hebreo. De manera que YHWH moldeó al hombre de la misma manera que el alfarero moldea el barro. De hecho, usó polvo de la tierra, un material que nos recuerda al barro usado por los alfareros.

Curiosamente YHWH hizo esto mismo con su pueblo. YHWH formó/moldeó a Israel. (Véase Isaías 43:1, 43:7 y 43:21, e Isaías 44:2). Y el hecho de que YHWH formara de igual manera a su pueblo que al Adám, crea un vínculo entre Israel y el hombre del Génesis. Además, nos da una perspectiva adecuada de quién es el hombre, por supuesto quién es Israel, y quién es YHWH. YHWH es el Alfafero y el hombre/Israel es barro. Luego, aprendamos la lección revelada en el libro del profeta Isaías, y tomada luego por el apóstol Pablo:
¡Ay del que pleitea con su Hacedor! ¡El tiesto con los tiestos de la tierra! ¿Dirá el barro al que lo labra: ¿Qué haces?; o tu obra: ¿No tiene manos? (Isaías 45:9).
Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: ¿Por qué me has hecho así? (Romanos 9:20).
¿Te imaginas lo ridículo de la escena? Un vaso de barro pidiéndole cuentas al alfarero que le está dando forma. Igual de ridículo cuando un hombre, cuando Israel, le pide cuentas a YHWH. Nosotros sólo somos polvo de la tierra. Y por si aún alguien quisiera contender con el Altísimo, recordemos que en el material que YHWH usó, no existe ninguna diferencia con los animales, pues YHWH también los formó/moldeó de la tierra (Génesis 2:19). Por tanto, haremos bien en recordar que YHWH es nuestro Hacedor, que Él nos ha formado y tiene toda potestad sobre nosotros. Y a lo sumo pidamos con humildad que Él forme a su Hijo en nosotros. Bendito sea su nombre.

Lo siguiente que vemos en el texto es que YHWH moldeó al hombre del polvo de la tierra. Esto no nos dice demasiado. Sin embargo, en hebreo existe un juego de palabras que pasa desapercibido cuando se traduce. Mientras que en español la palabra hombre y tierra no tienen ninguna relación entre sí, en hebreo estas dos palabras están vinculadas. En hebreo la palabra hombre es Adám y la palabra que aquí se traduce por tierra es adamá. De modo que en hebreo leeríamos que YHWH formó al Adám del polvo de adamá. Y de ahí el nombre de Adám. El hombre se llama Adám porque procede de adamá. Si uno establece correctamente esta relación, recordaremos cuál es el origen de Adám. De nuevo, un nombre que nos guardará de tener un concepto errado acerca de la humanidad, acerca de nosotros mismos.

Ahora bien, aunque el hombre es polvo, y esta es una realidad que no debemos olvidar, el hombre es más que polvo. YHWH hizo algo más después de darle forma al hombre. El versículo dice que sopló aliento de vida en su nariz. Qué imagen, ¿verdad? El Eterno aproximándose a las fosas nasales de este barro moldeado y soplando aliento de vida. Y entonces, el hombre por primera vez respiró, fue un ser viviente. Digamos que el hombre fue, no cuando YHWH lo moldeó, sino cuando YHWH sopló aliento de vida sobre esa forma. Entonces, cuando el hombre respira por voluntad de YHWH, el hombre viene a la existencia. Y por tanto, el hombre es tanto contenedor como contenido y ambos importantes, pues ambos proceden de YHWH. Demos gracias a YHWH por todo nuestro ser y no olvidemos nunca una parte en detrimento de otra.

Bienvenido al origen.